Cuando llegamos a la Hiroshima decidimos hacer un pequenio cambio. En vez de dejar las mochilas en el hotel, nos vamos con ellas a Miyajima . Esta practica la hemos copiado tambien del blog la matira, y es que en cualquier estacion puedes dejar las maletas en consigna y con esto ganamos alrededor de 2horas.
Miyajima es famosa por su Torii flotando en el mar. Primero, un Torii es la puerta de entrada a un templo sintoista y siempre tiene la misma forma y el color rojo ese feo japones (bermenion). Este torii, el de Miyajima, tiene la particularidad de que cuando sube la marea el mar recubre su base y parece que flota o se eleva en el mar.
Pensamos que visto el Torii visto todo, a lo cual Eva era partidaria de que habia que verlo y yo pienso que era para tanto pero como yo ni pincho ni corto...pues ea....Pero nos equivocamos, topamos con un templo budista precioso, lleno de imagenes y con una atraccion que nos habiamos visto en ningun templo y que nos hizo saber la de la oficiona de turismo. Resulta que debajo del templo principal habia una especie de laberinto en total oscuridad donde a medida que ibas andando a tientas, te encontrabas con pequenios cuadros de imagenes de diferentes budas. Una chulada mas de las que tenia el templo que merecio mucho la pena.
Otra sorpresa mas nos deparaba la isla: sus ostras. Nos metimos 4 ostras a la barbacoa que se te saltaban las lagrimas con las incabas en diente. Para repetir, pero la guia nos dijo que teniamos mas en Hiroshima y nos reservamos para la noche.
Terminado el paseo por la isla nos fuimos para el hotel en Hiroshima. Dejamos los bartulos y nos fuimos a ver lo poco que hay: El museo memorial de la paz de Hiroshima, que recoge el antes y el despues de aquel 6 de Agosto de 1945 a las 8:15 cuando la bomba callo sobre la ciudad, y el Domme, que fue uno de los pocos edificio que logro mantenerse en pie y que a pesar de algunso detractores mantienen como muestra de aquella barbarie. Impresionante ambas cosas y que ademas nos gustaron.
Para cerrar el dia nos fuimos detras de la ostras que nuestra inseparable lonely nos apunto. Las encontramos, despues de tres millones de vueltas la encontramos, pero ni tan buenas ni a la barbacoa y nos arrepentimos de no habernos metido otra racion en la isla. Pero a cambio tomamos una tempura de pescado maravillosa, por ahora la mejor de todas.
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